Los jefes desconocen la capacidad de más del 50% de sus trabajadores. Y es que sacar a la luz este talento es una obligación del mando directivo, que tiene que animar a sus empleados a explotar todo su potencial. De lo contrario, se corre el riesgo de perder un activo irrecuperable que, si se va a la competencia, se puede convertir en el peor contrincante.
Muchos directivos y trabajadores cuentan la misma historia: dejaron su trabajo, yéndose a la competencia, porque vieron que sus jefes no les daban la oportunidad que merecían de dirigir y tener responsabilidades. Son las hormiguitas que se dedican a hacer trabajos que nadie ve pero que llevan a cabo tareas que sino, no verían la luz. Muchas personas pasan por la empresa sin ser vistos, ni recompensada su labro, hasta que un día se hartan y se trasladan a otra compañía que valore más su trabajo.
Es misión de un buen directivo descubrir a tiempo este potencial oculto. El talento es la capacidad para generar novedades o encontrar soluciones innovadoras en una determinada disciplina.
Es necesario que las empresas definan qué talento tienen y cuál es el que quieren. Esto incluye una parte de actitud, de conocimientos y de aptitud. Destaparlo depende en un 70% de los jefes, siendo que está comprobado que sólo se aprovecha el 10% del talento que poseemos, el resto se desperdicia.
En España se trabaja en equipo poco y mal, siendo imposible descubrir lo mejor de cada uno. La clave es unir inteligencia, comportamiento e inteligencia emocional.
La evaluación del desempeño y los assesstment center (técnicas como tests psicotécnicos, entrevistas, pruebas en grupo e individuales para prever el comportamiento laboral del candidato) son las herramientas para dar con ello. Hay que analizar qué fortalezas y motivaciones tenemos y trabajarlo.
La realidad es que sólo uno de cada seis mandos es motiva, ilusiona, cuenta el proyecto y saca provecho del talento de sus colaboradores. El resto son tóxicos, sacando a la luz lo que les merece para beneficio propio.
Y estos jefes fomentan el absentismo emocional en sus áreas, por lo que es tarea del directivo detectarlos y obligarles a cambiar su conducta. Si más del 80% de los trabajadores están desengañados con su trabajo, es clave asegurarse de que los jefes intentan potenciar lo mejor de sus empleados.

